Entre hileras dulcificantes, escrutemos los misterios anacrónicos del tiempo, la vida, la luz, Jesucristo en nosotros... pero sobre todo sin él cuando no queremos verle aún sabiendo que está ahí a tu lado a mi lado.

sábado, 25 de mayo de 2013

Abrígame del frió canguelo, que de las nieblas sin colores han llegado a mi puerta oxidada en sus visagras, exigiendo mis pedazos de existencia que se desglosan cadavericos, rezongando frenéticamente mi nombre, ¡escalofríos precipitan mis poros anunciando una decadente enfermedad!. Y desde el fondo una voz insinúa su risa trémula, aguardando el momento en que se decidirá lanzarse sobre mi pesado cuerpo incompleto, donde yacen pieles rotas con puntadas tejidas de nostalgia… embelesada por la oscura habitación. 
Me aparto de mis manos, escondiéndolas en un lugar seguro, porque es el único tesoro que guardo por su extenso valor incalculable, me apego a ellas, decido, niego poseerlas…sin importar que sin ellas no puedo defenderme, me enfrento a las consecuencias olvidandome de mi, olvidando mis dos escudos… y haciendo olvidar mi mente de que alguna vez poseyeron la energía protectora de los dedos…. Ahora me enfrento sin ninguna clase de burbuja azulada, me siento tan frágil, como una evanescencia expansiva a borbotones…

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Salmo 103

1.Bendice, alma mía, al Señor

y todo mi ser a su santo nombre.

2.Bendice, alma mía, al Señor,

no te olvides de sus favores.



Anacrónica en el Cielo Feliz ahora sí..